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jueves, 29 de diciembre de 2016

Un Padre no tan Padre: La utopía hipster

Don Servando Villegas (Héctor Bonilla) es un viejo cascarrabias que se la pasa haciendo la vida imposible a todo el mundo en el asilo en donde vive. Tras ser expulsado de la casa de retiro, su hijo Francisco (Benny Ibarra) lo lleva a vivir a San Miguel Allende, en donde vive en una comuna con su hijo René (Sergio Mayer Mori), su novia Alma (Jacqueline Bracamontes) y un grupo muy variado de personas.

Seguro así como yo, muchos otros llegarán a la sala de cine atraídos por Héctor Bonilla y siendo totalmente honestos, creo que sin él, no habría nada que mostrar. La película es tan sin chiste, que ni siquiera se puede decir que sea mala. Es sosa, plana, utópica. Los brotes de humor, todos cortesía de Bonilla por supuesto, no logran hacerla una comedia hilarante.


Raúl Martínez pasó de hacer comerciales a dirigir su primer largometraje, como ya lo he mencionado antes, esas Operas Primas son, por lo general maravillosas. Muy cuidadas en los detalles y con todas las ganas de la “primera vez”. 


Martínez saca mucho provecho de su experiencia en filmar comerciales, porque la cinta es visualmente linda, perfectamente iluminada, logra sacar provecho de las locaciones y de su bello elenco alternando diferentes planos. No hay un detalle que esté fuera de lugar.


Alberto Bremer hace un guion tan incluyente como ajeno, porque la empatía por cada habitante de esa casa no se despierta nunca. Una comuna, no hippie como quieren señalar, porque sería imposible que bajo esa filosofía se pudiera mantener un lugar así de lujoso. 


La utopía del millonario hípster, multicultural, incluyente, vegano y libre de gluten con voto a favor de la legalización de la mariguana. Lo único que tiene “Un padre no tan padre” es la vitalidad y el carisma de Bonilla, y tal vez a manera de homenaje a él pueda funcionar, pero fuera de eso no habrá nada más que recordar en ella.